Río Motagua, un fluir lleno de historia, vida y desatenciones

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Ríos Motagua y Hato
Punto de encuentro de los ríos Motagua y Hato

Cada día al despertar nos puede faltar el sol, pero ahí estás tú, querido río Motagua, seguramente desde antes de que ningún hombre hubiese poblado estas tierras, como un compañero o un amigo inseparable. Tu existencia es una gran suerte para cuantos vivimos a lo largo de tu cauce e incluso para toda la nación, Guatemala.

486 kilómetros de longitud

Atraviesas el país de occidente a oriente -de oeste a este- en un trayecto de casi quinientos kilómetros (486, dicen algunos informes). Sin las aguas de tu cauce, esta parte del denominado Corredor Seco resultaría difícilmente habitable. Eres el nexo de unión entre dos caras diferentes del país (oriente y occidente), que de otro modo tal vez vivirían espalda con espalda.

Del altiplano de Quiché -2000 metros de altitud- al Caribe

Naces en la alta cuna del altiplano de Quiché, a unos dos mil metros de altitud, dentro de municipio de Santa Cruz del Quiché. En el inicio, tus aguas puras y transparentes se deslizan raudas y cantarinas por las laderas que bajan al valle. En este primer tramo, a la derecha y en lo alto, dejas atrás la ciudad de Chichicastenango. Sus habitantes no llegan a divisarte porque bajas encajado en las profundas quebradas del terreno. A la izquierda queda Chiché.

Río Motagua o Río Grande

Podías haber explorado caminos más cortos hacia el mar por el oeste y acabar en el Pacífico, como otros tantos ríos menores, o mismamente, haberte dirigido al lago Atitlán; sin embargo, decidiste seguir el trayecto más largo, rumbo al este, hacia el oriente del país, en el afán de ser grande, de ser el Río Grande, como también se te conoce, querido Motagua.

Aquí en Malena (es como llamamos habitualmente a Magdalena -San Agustín Acasaguastlán-) celebramos esa decisión de venirte para oriente hasta acabar en el Atlántico, porque este lugar hermoso sin ti no lo sería tanto. Y también sería más pobre.

Río Motagua en la parte alta de su curso (imagen de Esvin Angel – Google)

Quiché, Chimaltenango, Guatemala, Baja Verapaz, El Progreso…

Marcas frontera y unión entre los departamentos de Quiché y Chimaltenango. Rozas la parte norte del departamento de Guatemala y el sur de Baja Verapaz antes de adentrarte en El Progreso por Morazán y El Rancho.

Un poco más a la derecha queda Guastoya, cabecera departamental de El Progreso. También recibes las aguas del río Guastatoya que llegan desde los montes de Jalapa. Las gentes del valle te vemos fluir cada día y, aun cuando no te vemos, sabemos que estás de paso por delante de nuestras viviendas, de nuestras vidas… a cada minuto, a cada segundo, como un tren expreso interminable que arrastra vagones y vagones de agua hasta el mar.

El Motagua a su paso por Malena, incorporando por su izquierda (derecha en la imagen) las aguas del río Hato

Magdalena y el río Motagua

En Magdalena te ensanchas hasta tocar por la otra orilla la localidad de El Paso de los Jalapas. Tal vez te guste nuestro pueblo, porque al llegar a él es como si perdieses esa prisa inicial por llegar al océano, tu ritmo se hace más pausado; o puede que te detengas a tomar las aguas que te entrega nuestro pequeño y también entrañable río Hato, como un tren de mercancías que efectúa una parada en una estación para incorporar nueva carga.


El Motagua, Magdalena y, más arriba, San Agustín Acasaguastlán

Viaje por bellas poblaciones de bellos nombres

Te vemos alejarte en busca del océano Atlántico, diríase que sin mucho afán, incluso con inusitada parsimonia. Dijo el poeta libanés Khalil Gibran“El río sabe que existe el mar incluso antes de alcanzar su orilla”. Será por eso que ya has perdido aquella prisa impetuosa y juvenil de tus primeros kilómetros.

Sin prisa por llegar al mar

Cuando llegas a Malena ya eres otro. Pareces prematuramente adulto. Tus aguas, ahora algo turbias, te hacen parecer cansado, incluso un poco viejo. No hay prisa por llegar al mar. Pasas por San Cristóbal Acasaguastlán, Usumatlán, Teculután… bellas poblaciones con bellos nombres.

Se unen a ti nuevos y pequeños ríos que bajan de la Sierra de las Minas o del Cerro Azul, fronterizo con Honduras, como río Hondo, río Grande de Zacapa o Camotán. Tampoco estos te entregan, por lo general, aguas limpias. Cada población por la que pasan les aporta su huella. Dejas, a una y otra margen, pueblos y aldeas y llegas a Gualán.

Río navegable en tiempos maya y de exploradores españoles

Siglos atrás, antes incluso de que Guatemala fuese Guatemala, pueblos maya, exploradores españoles y comerciantes de la región remontaron tu cauce con sus embarcaciones hasta esta ciudad del departamento de Zacapa en un recorrido río arriba de más de 200 kilómetros. Tus aguas y el lecho de tu cauce fueron la vía de comunicación más práctica en aquellos tiempos para adentrarse en las tierras del interior del país desde la costa atlántica.

Embarcaciones hasta San Cristóbal Acasaguastlán

De Gualán aún partían embarcaciones más pequeñas aguas arriba, hasta San Cristóbal Acasaguastlán y más lejos. En algunas de ellas se transportó parte del material para la construcción de la iglesia de San Cristóbal Acasaguastlán, uno de los monumentos religiosos más relevantes de Guatemala, edificado en 1654. Vestido de blanco el templo, rígido y altivo, apostado en el alto, mira al poniente como un centinela del valle y con un sol en su frente.

Morales, Los Amates y el lago Izabal

Cada vez más parsimonioso, sigues avanzando. Morales, Los Amates y el lago Izabal, este algo más al norte, son otros pueblos y lugares que van quedando atrás; así como el yacimiento arqueológico de Quiriguá, vestigio de la civilización maya.

Curso del Motagua (Google Earth)

Tenedores, San Gil, Puerto Barrios…

Pasas al sur del Cerro San Gil y de Puerto Barrios, por Tenedores… y te deslizas hacia el mar entre extensas plantaciones de banano y palma en el departamento de Izabal, después de haber atravesado el de Zacapa; rozas la frontera de Honduras, culebreas incesantemente en los últimos kilómetros, como resistiéndote a desaparecer en el Caribe: «El río sabe que existe el mar incluso antes de alcanzar su orilla”.

Creemos, querido río Motagua, que tú también te has enamorado profundamente de estas tierras, de los pueblos tranquilos, de sus gentes sencillas y buenas del valle que riegas. Por eso das vueltas y vueltas, meras maniobras de distracción, para retrasar un poco más tu llegada al mar. Aunque finalmente acabas diluyéndote en sus aguas saladas, mansamente, porque, si bien en tus orillas en tiempos lejanos se dirimieron cruentas batallas entre los reinos de Quiriguá y Copán (Honduras), querido Motagua, tú eres un río de paz.

No te cantamos, nos quejamos de ti

Das esplendor a un bello y fértil valle. El lecho de tu cauce propicia también la vía de comunicación por carretera que va desde Puerto Barrios hasta la Capital, la Ruta del Atlántico. A tu vera aún quedan viejos raíles de la antigua vía del Ferrocarril del Norte. Eres un río admirable y, como algunos otros, digno de ser cantado por los poetas. Sin embargo, a pesar de todo lo que nos das, no es precisamente gratitud lo que recibes de nuestra parte. Hablamos de ti para quejarnos de que vas seco, de que vas crecido, de que vas sucio… Como si unas cosas y otras fuesen culpa tuya.

¡Horror de contaminación!

Es triste, querido río Motagua, que no te canten los poetas, porque merecías ser ensalzado; pero es peor, una gran injusticia, el abandono y las desatenciones que vienen marcando tu existencia. Resulta excesiva la contaminación que soportas y arrastras, como si fueses un vertedero, un mero desagüe, y no un río noble, el Río Grande de Guatemala y Centroamérica.

Semejante contaminación parece difícil de explicar teniendo en cuenta que desde tu nacimiento en las elevadas tierras del altiplano hasta El Progreso transitas fundamentalmente por zonas agrestes, escarpadas y escasamente habitadas; pero a este departamento nuestro del interior de Guatemala tus aguas llegan ya muy contaminadas.

Fluyes como una herida transversal, abierta en la piel del país

La cruda realidad es que hoy fluyes como una herida transversal, abierta en la piel de todo el país de occidente a oriente, que nos duele y que las autoridades y la Comunidad Internacional deberían remediar con urgencia, como exponemos en otro artículo. El porqué de esta situación es bien sencillo. El origen de tu mayor contaminación, querido Motagua, está en tu afluente el río Las Vacas, otra víctima de la improvisación y de la despreocupación por la conservación del medioambiente.

Esquema aproximado de los cauces de los ríos Motagua y Las Vacas. Este último arrastra aguas residuales de la Capital a la cuenca del Motagua

Caída del curso del río Motagua: de 2000 a 0 metros

Pendiente del curso del río Motagua

En en gráfico de arriba vemos la caída que ofrece el curso del río Motagua desde su nacimiento a más de 1900 metros de altitud en el departamento de Quiché, hasta su desembocadura en el mar Caribe. Como puede apreciarse tiene un descenso rápido en los aproximadamente 100 primeros kilómetros de su cauce para poco a poco volverse un río «tranquilo».

El río Las Vacas, la gran fuente de contaminación

Un primer punto blanco del gráfico de arriba señala el lugar donde el Motagua recibe las aguas del río Las Vacas, lamentablemente, muy contaminadas. Este arrastra la suciedad que recibe de los desagües de la capital y también la que le aporta su fluente el río Negro.

El encuentro entre los dos ríos se produce aproximadamente en el kilómetro 109 del curso del Motagua y a unos 418 metros de altitud. Es decir, en ese momento el Motagua ha recorrido poco más de 1/5 parte de su cauce y ha descendido casi 4/5 partes. El otro punto señala la ubicación de Magdalena (San Agustín Acasaguastlán), sobre el Km 166 y a una altitud de unos 263 m.

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