La semana pasada volví a subir a la Peña del Ángel en la sierra de las Minas, también conocida como la Piedra del Ángel. Tenía el recuerdo de 2019, cuando, por primera vez, ascendí a ese pico y de lo fatigosa que se nos había hecho a mí y a toda la expedición la subida hasta esa cima situada a unos 2400 metros de altitud, dentro del término municipal de San Agustín Acasaguastlán (Guatemala).
Este pico, en concreto, y una amplia zona de esta cordillera está declarada reserva de la biosfera desde 1992, condición que le fue reconocida por la UNESCO dos años después, en 1994.

Profundo recuerdo
Aquel primer viaje, aunque duro, había dejado en mí un profundo recuerdo, lleno de contrastes; por eso, la idea de volver rondaba en mi cabeza con asiduidad; pero, como tantas veces suele ocurrir, se iba posponiendo indefinidamente.
Tuve que esperar veinte años para esa primera vez y eso que nací en Malena (Aldea Magdalena), una bella y humilde población de mi querida Guatemala, situada un entorno natural privilegiado a orillas del río Motagua y al pie de la Sierra de las Minas en su vertiente sur.
Y así como el río tiene pocos secretos para los vecinos de Magdalena, en general, al menos en el tramo de su recorrido que baña las tierras de nuestra aldea, la montaña en muchos aspectos es una gran desconocida, un misterio para los lugareños. Abajo, en el valle, vivimos bastante ajenos a esta montaña.

Irma Yanira y Jarethsy, compañeras de viaje
Por eso, teniéndola accesible desde Malena —una pista de terracería parte desde la aldea hasta la cima en un recorrido de unos treinta kilómetros-, lo mejor es no pensárselo mucho. Y lo que tantas veces había pospuesto, lo decidí de un día para otro con mi amiga Irma Yanira Picón, que acogió con entusiasmo la propuesta.
A las seis de la mañana —en Guatemala amanece mucho más temprano que en España—estábamos tomando la salida con destino a la Peña del Ángel. Nos acompañó también su hija Yarethsy.

Para ellas dos, era la primera vez. Son también de Malena, pero, como decía antes, en el valle vivimos bastante de espaldas a la Sierra de las Minas. Fuimos en moto, dos unidades de 125 cc, que era lo que teníamos disponible.
Sólo este tipo de vehículos, preferiblemente de una cilindrada algo mayor, o un carro 4×4 se adaptan al terreno. Con tiempo suficiente, en San Agustín es posible contratar algún vehículo para que nos lleve hasta el límite donde comienza la Reserva de la Biosfera.

En Puerta de Golpe comienza la verdadera subida
La consigna era subir y subir hasta tan cerca de la cima como pudiésemos, desafiando las pendientes; especialmente a partir de la aldea Puerta de Golpe, que es donde de verdad comienza la subida, justo al cruzar el río Hato, para seguir por la izquierda, Aunque tampoco hay necesidad de atravesar el puente.
La pista que continúa por la derecha también conduce a la cima. Ambas acaban encontrándose en el lugar de El Carmen. La que cruza el río Hato, la de la izquierda del cauce, nos permite ir encontrando más núcleos de población durante la ascensión.
Treinta kilómetros de ascensión
Por delante, teníamos treinta kilómetros de ascensión constante, doce iniciales, más suaves, incluso con tramos llanos; y los ocho finales con
La pista es amplia, con los baches y ondulaciones propios de los caminos de terracería, que en pendiente se erosionan por los efectos de las correntías que producen las lluvias, en ocasiones torrenciales. Pero no nos podíamos quejar, son las mismas que utilizan —y sufren— los habitantes de las aldeas que se esparcen en la ladera del monte, ocultas las más de las veces entre la densa vegetación, de modo que no se la divisa hasta que aparecen de repente a la salida de una curva.

Reserva de la Biosfera
Las últimas aldeas son Los Albores y El Carmen. Es esta última, el último poblado habitado, porque de ahí para arriba comienza la Reserva de la Biosfera. Para continuar en vehículo motorizado por este tramo final hay que solicitar un permiso que las autoridades no siempre conceden.
Nosotras dejamos las motos en la finca La Tormenta —a unos 4 kilómetros de nuestro destino— y emprendimos el resto del camino hasta la Peña del Ángel a pie, pensado también que si seguíamos en moto los riesgos al regreso podrían ser considerables, por la fuerte pendiente, el terreno blando y la hojarasca del camino, ingredientes que lo hacían muy resbaladizo.

La pista no está mal para caminar; pero quedaban unos cuatro kilómetros de subida constante y fuerte pendiente, que sólo suaviza hacia el final.
En este último tramo se van encontrando talanqueras, grandes portones, que hay que abrir y volver a cerrar para que los animales no se echen monte abajo y se salgan de su hábitat.
El bosque nuboso más extenso de Centroamérica
La naturaleza enseguida te envuelve, te rodea por completo. Todo era de un verdor intenso. El cielo aparecía a trocitos, entre las densas copas de los árboles. Estábamos en las entrañas del bosque nuboso más extenso de toda Centroamérica.
Sabíamos que la subida a pie iba a ser un poco dura, así que nos la tomamos con tranquilidad. En cierto modo, esa dificultad forma parte también de la experiencia. Nos dio tiempo a hacer una parada a comer y a tomar un poco de café. Casualmente, en la Sierra de las Minas se cultiva uno de los mejores cafés de Guatemala.

La primera vez se nos había hecho tarde por las dificultades encontradas en el camino y tuvimos que subir más apurados. Esas paradas nos permitían echar, además, una mirada más amplia y serena a nuestro alrededor.
Para ir a la Peña del Ángel, en el último kilómetro hay que desviarse por un sendero, a sobre terreno llano, que nos lleva al pie de la imponente roca. Sólo queda escalarla. Para ello hay un tirante de acero al que agarrarse. En la cima de la roca, es importante tomar precauciones para no resbalar, porque la altura es considerable. Por una de las caras, una pared vertical que lleva directamente al avismo.
Las alas del Ángel
Nos subimos a la Piedra, a una de las alas de la Peña del Ángel, horadada por los efectos de la erosión en algunas partes, que sobresalen por encima de la vegetación creando una especie de balcón de naturaleza infinita, desde el que se percibe una sensación que mezcal vértigo y libertad. La expresión “alas del Ángel, responde a la forma que adopta las dos rocas.

El escenario, entre tormenta y tormenta, transmite una paz que permite a la bruma y la niebla asentarse quieta por encima de copas de los árboles y entre ellas.
El calor —a menudo, sofocante— del valle, se disipa a medida que vamos subiendo. Y en el alto, desaparece por completo, por lo que es recomendable llevar siempre algo de ropa de abrigo, especialmente para la bajada y teniendo presente siempre que el tiempo en la montaña es impredecible.
Un baile final
Al iniciar nos animamos a improvisar un divertido baile, que muestra la satisfacción que teníamos las tres por haber subido. Yo por segunda vez. Pero en ciertos aspectos, tienes la sensación de que es la primera. Sin saber definirlo, hay cosas o sensaciones que son nuevas. Creo que esto sucede cada vez que vas, al menos después de una ausencia prolongada como la mía de 7 años justos.

Cuando regresamos a casa eran las siete de la noche. Habíamos empleado 13 horas en el recorrido. Fue fantástico. Mi amiga Irma Yanira estaba admirada por lo que había visto y sentido. “Más que gustarme, me ha encantado”, me comentaría después.
Te recomendamos la visita
Si eres de cualquier lugar de Guatemala o nos visitas desde otro país, en Social Ciclismo Fan Manager te recomendamos la subida a la Peña del Ángel. Vas a vivir una fantástica experiencia en medio de una naturaleza exuberante y te vas a divertir tanto como nosotras.
Video resumen de un día perfecto
Ayuda a la economía de las aldeas
Si además te paras a comprar cualquier alimento en alguna de las pequeñas tiendas de comestibles de las aldeas de la ladera del monte, estarás ayudando a la muy modesta economía de las familias de la zona. También hay establecimientos que ofrecen alojamiento.
Y un último recordatorio: es importante atender a las previsiones del tiempo para ese día, porque la montaña con tormenta puede ser peligrosa.
NOTA DE EDICIÓN: Social Ciclismo Fan Manager también había estado presente en la Peña del Ángel en 2019. El 15 de octubre de ese año, el excampeón de España de Maratón en MTB, Brandan Márquez, subió en bicicleta en un recorrido que inició en Guastatoya. Concretamente, llegó hasta la zona de las cabañas, una especie de refugio que gestiona la asociación Defensores de la Naturaleza, situada a escasa distancia de la Peña del Ángel.

























