El coronavirus y el delirio de construir el futuro sin niños

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futuro y niños
Futuro sin niños

El coronavirus (Covid-19) sigue atacándonos con dureza, al tiempo que nos trae una carga de crudo realismo. Vivíamos en un mundo demasiado artificial, un mundo de series, de ciencia ficción, de muchas hipótesis y pocas realidades. Por eso, incluso nos hemos llegado a olvidar de los niños. Parecíamos decididos a caer en el delirio de construir el futuro sin niños.

Sexto día de reclusión

Miro por el ventanal de casa mientras pedaleo en una pedaleta estática. Es el sexto día recluido por la pandemia del coronavirus. Cuento los vehículos que pasan por la calle, una arteria principal de la ciudad, y un poco más allá, por la autopista. Circulan muy espaciados. Son principalmente camiones de reparto.

Los barcos de pasajeros no cruzan la ría. De hecho, caso insólito, no se ve ningún barco sobre sus aguas plateadas. El servicio se ha restringido a mínimos. El cielo también está gris. Es lo único que podría hacernos pensar que estamos en un día normal. Sin embargo, la sensación general es de que el futuro ha comenzado y que a partir de ahora ya nada será como antes.

Hacer drama de lo superfluo

Algo tenía que pasar que nos hiciera despertar. Por lo general, suele ser una tragedia, una fuerte bofetada en la cara, un golpe directo al corazón. Como decía alguien estos días, había mucha tontería, mucho problema superfluo en esta sociedad nuestra elevado a la categoría de drama.

Durante un tiempo –hasta que nos volvamos locos de nuevo- se acabarán tal vez los excesos y caminaremos por la senda de la mesura. Tal vez vuelvan las vocaciones, el gusto por el trabajo bien hecho, sin medir todo en dólares y euros. Digo por algún tiempo, porque, al final, somos como somos.

Nos hemos olvidado de los niños

La vieja Europa, más vieja que nunca, daba síntomas de fatiga evidentes. La sociedad se había transformado. Casi nos hemos olvidado de los niños. Cuando se dictó el estado de alarma en España por la aparición del coronavirus, se habló de las mascotas y sus necesidades, pero no se hacía ninguna referencia a los niños, algunos con autismo u otras enfermedades similares y sus problemas para un confinamiento en casa prolongado. Todo se debe a que llevamos tiempo empeñados en la posibilidad de construir el futuro sin niños.

Mascotas
Mascotas

Defiendo la naturaleza y los animales, pero hemos caído en la idolatría hacia las mascotas. En una ocasión, comían cuatro personas en la terraza exterior de un restaurante. Se acercó un perro callejero y uno de los comensales mojó pan en su plato y se puso a darle de comer durante largo rato por su mano, con una “familiaridad” en todo punto inusual. Cabía preguntarse qué habría pasado de haberse acercado un niño pobre.

Parque sin niños
Parque sin niños

De los cuatro, todos adultos, tres tenían mascota y no hijos y uno tenía hijos y no mascotas. No son incompatibles, pero cuando decretamos a favor de las mascotas y nos olvidamos de los niños es que algo pasa. Íbamos camino de cometer la audacia de construir el futuro sin niños.

Doy por concluida la sesión de ejercicio de esta nueva jornada de reclusión en casa. Pocos vehículos en la calle, ningún barco sobre la ría. El cielo gris quiere darle un tono de normalidad al ambiente, pero en futuro ha comenzado. Presiento que -para bien o para mal- nada será como antes.

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