Cómo saber si mi hijo es autista

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Niños autistas
Niños autistas

Los trastornos del espectro autista (TEA), que habitualmente conocemos como autismo, son un conjunto de problemas vinculados al neurodesarrollo. Comienzan a manifestarse antes de los tres años de edad y pueden persistir durante toda la vida del individuo. Por lo tanto, una cuestión importante es cómo saber si mi hijo es autista.

El diagnóstico precoz de esta patología es muy importante. El autismo o trastorno del espectro autista (TEA) es un problema que se manifiesta de forma muy diferente en unas personas y en otras, ya que es un espectro, algo así como un rayo de luz que puede incidir de lleno o solo parcialmente o casi de rebote en la persona afectada, afectándola en mayor o menor medida.

Espectro autista

El término “espectro” engloba una amplia gama de síntomas, fortalezas y grados de deterioro que pueden mostrar las personas afectadas por esta patología, en la que se incluyen:

  • El trastorno autista
  • El síndrome de Asperger
  • El trastorno generalizado del desarrollo no especificado

Aunque el Trastorno del Espectro Autista presente una serie de características propias, no tienen por qué estar todas presentes en cada una de las personas afectadas por él y a veces, aun cuando estén presentes, si el niño o la niña tiene un grado de autismo bajo, incluso pueden camuflarse con otro tipo de trastornos o simplemente pasar desapercibidas durante bastante tiempo hasta que se diagnostica, con el consiguiente retraso en la atención precisa.

Diagnóstico precoz

En esta labor de detección precoz es fundamental la observación de la madre y el padre –habitualmente las personas más próximas al niño o niña-, que las deben trasladar a los servicios de atención primaria, donde se dará la respuesta conveniente a estas preocupaciones que los progenitores les hacen llegar.

Características de los trastornos del espectro autista (TEA):

  • Comunicación e interacción social baja o muy deficiente en diferentes contextos.
  • Comportamientos repetitivos continuados.
  • Resistencia a introducir cambios en la rutina diaria.
  • Los síntomas aparecen, por lo general, en la primera etapa de la infancia, en los primeros 2 años de vida
  • Suelen revestir la suficiente entidad como para que la persona autista necesite atención especializada en su vida diaria.

Primeras alertas

Los padres pueden empezar a intuir que algo no va del todo bien prestando atención a una serie de actividades y aspectos de la vida del niño o niña, tales como:

Comunicación y vocabulario

Es importante detenerse a analizar si el niño o la niña usa el lenguaje con función comunicativa o no. Por ejemplo, si pronuncia la palabra agua solo cuando la ve en un vaso, enunciando lo que su vista contempla, o la emplea también cuando tiene sed y quiere beber.

Otras dificultades de la comunicación en el TEA

  • No responder o demorarse cuando se le llama por su nombre.
  • Dificultad para seguir las conversaciones.
  • Repetir palabras o frases que escuchan (ecolalia).
  • Usar palabras que parecen extrañas, fuera de contexto o carentes de significado para personas ajenas a su entorno.
  • Tono inusual de voz: o cantarín o monótono o incluso como robotizado.
  • Insistir machaconamente en un tema.

Interacción con su entorno

  • Repetición de ciertas conductas o muestra de comportamientos inusuales.
  • Desmedido interés en ciertas cosas, como en objetos en movimiento o partes de objetos.

Modo de relacionarse con los demás

  • Mira o atiende menos de lo normal a las personas a su alrededor.
  • Tiene problemas para seguir o entender una conversación.
  • Fijación excesiva en temas determinados, en números, detalles aparentemente poco relevantes o datos.

Hipersensibilidad

  • Sensibilidad sensorial: a la luz, al ruido, a las texturas de la ropa o a la temperatura.
  • Trastornos del sueño
  • Problemas de digestión
  • Irritabilidad.

Afectividad

  • Responde de forma inusual cuando otras personas muestran ira, angustia o afecto.
  • Utiliza expresiones faciales, movimientos y gestos que no coinciden con el sentido de la conversación.

Contacto visual

  • No conectan visualmente cuando se les hablas o lo hacen de manera errática o muy vaga.
  • No te mira ni responde cuando se le llama su nombre.

Actitud al jugar

En ocasiones, los niños afectados por el trastorno del espectro autista (TEA) incluso carecen de habilidades de juego y se entretienen en alinear los juguetes de una forma determinada, como colocar los coches en una fila larga; pero no juegan con él, no hacen los ruidos típicos «piii» o «bruuuum», simulando los sonidos del claxon o del motor, que emiten otros niños habitualmente.

  • El juego en el niño/a autista normalmente suele ser repetitivo: disfruta realizando siempre las mismas acciones o siguiendo los mismos patrones de juego.
  • Rara vez intenta compartir los juguetes o actividades que le gustan con otros niños.

Rutinas

Algunos niños tienen fijación por las rutinas y cuando estas se les rompen se frustran o lloran. Esto se suele apreciar más en el colegio que en casa porque suele ser un ambiente más estructurado, en el que a lo largo de la jornada se cambia varias veces de actividad.

  • Se molesta por algún cambio leve de rutina o por estar en un entorno nuevo.

Relaciones sociales

Las relaciones sociales también pueden estar afectadas, pero tampoco ocurre siempre; por eso que la ausencia de estos síntomas no quiere decir que se pueda descartar el autismo.

Difícil detección

Podemos encontrarnos con niños con grados leves de autismo, los cuales no tienen ningún problema con el contacto visual, ni respondiendo al nombre, ni socializando. El lenguaje que utilizan es muy avanzado y construyen frases largas para comunicarse.

Además, en el juego también son bastante creativos. Solo cuando están aburridos, empiezan a mostrar patrones de juego repetitivos. Si no se tiene cierta experiencia tratando con niños autistas, estos episodios pueden pasar desapercibidos.

Detección tardía

En los casos más leves, el problema puede estar en detectar tardíamente los síntomas del mal, porque los padres o cuidadores pueden asociarlo el comportamiento anómalo del niño/niña a «otro mal día» suyo, cuando en el fondo su comportamiento obedece a un trastornos del espectro autista.

Fortalezas y habilidades del niño/a autista

Si bien los trastornos del espectro autista pueden suponer serios obstáculos en el desenvolvimiento normal del niño/a y, desde luego, una gran dificultad –dependiendo del grado- en la edad adulta, también es cierto que con frecuencia llegan a presentar notables fortalezas, como:

  • Una inteligencia superior a la media.
  • Capacidad para aprender cosas en detalle y recordar la información por largos períodos.
  • Una gran memoria visual y auditiva.
  • Capacidad para destacar en matemáticas, ciencia, música y arte.

Por eso, la detección precoz y luego una atención especializada son muy importantes para minimizar las debilidades y potenciar la fortalezas del niño/a autista.

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