La ‘utopia’ de Amazon en la Sierra de las Minas

0
42
Brandán en las duras rampas de la subida a la Sierra de las Minas
Brandán en las duras rampas de la subida a la Sierra de las Minas

En nuestra segunda visita a la Sierra de las Minas (San Agustín Acasaguastlán – Guatemala), regresé pensado en lo hermoso que es ese lugar y, al mismo tiempo, en lo poco accesible que estaba. Y fantaseaba (esa puede ser la expresión) con fórmulas para romper barreras o con la ‘utopia’ de un servicio de distribución Amazon en esa montaña.

Esos pensamientos me ocupaban durante la bajada, que es cuando se repara en esas cosas, porque en la subida, aun trasladándote en coche, vas pendiente de ver si consigues llegar a la cima o, por cualquier circunstancia, tienes que quedarte antes y, al mismo tiempo, te muestras expectante ante lo que puedas encontrarte o sorprendido de lo que estás viendo.

Vida en la montaña

No pensaba tanto en los visitantes, que vamos al lugar una o muy pocas veces en nuestras vidas, sino en los propios habitantes de la zona que tienen que enfrentarse a diario a esa realidad, padeciéndola o tratando de soslayarla; es decir, bajando al pueblo en contadas ocasiones en el año.

Son momentos en los que pones en la balanza –aunque sólo sea por curiosidad- tu modelo de vida urbano y el que te ofrece un lugar remoto en medio de la naturaleza o, más concretamente en este caso, en la montaña.

Aunque me contaban que había una maestra de escuela que subía cada día en su moto a dar clase en la aldea de Los Albores. Qué mérito tan extraordinario, no exento de riesgo.

Necesidades básicas

Mientras bajábamos, pensaba en artículos de primera necesidad y urgentes, como medicinas, que podrían necesitarse y que llegaban en muchas ocasiones, para bien o para mal, pasada ya la necesidad.

Viendo aquella carretera de ‘terracería’, en tramos machacada por las últimas lluvias, empinada y con revueltas que se cerraban en sí mismas, cualquier solución inmediata de aproximación a la urbe quedaba descartada… a no ser por el aire, me dije, mientras miraba hacia aquella cuña profunda entre dos montañas, por cuyo fondo discurre de arriba abajo el río Hato, hasta desembocar en el Motagua.

Amazon me ha reavivado los recuerdos

Hoy he revivido aquellos recuerdos con una noticia que recogen los medios de comunicación. Hace referencia a que Amazon, la gran multinacional de la distribución, “multiplicará por seis su red de reparto con drones en Estados Unidos hasta llegar a cerca de 500 ciudades y pueblos antes de que acabe 2026, con envíos de alimentos, electrónica o medicamentos en un mínimo de treinta minutos”, según anunció la compañía.

Pero no debemos entusiasmarnos. Hay que volverá a recurrir a la paciencia, un recurso que los habitantes de la Sierra de las Minas tienen sobrexplotado. Este servicio, al que la propia empresa denomina Prime Air, empieza a estar disponible sólo para diez áreas metropolitanas de EEUU.

La entrega de los pedidos se realizará en media hora en el servicio más rápido, aunque “la mayoría de los pedidos llega alrededor de una hora después de pasar por caja”, según informa también Amazon. Qué sería una hora de espera para los habitantes de esta zona de montaña del Municipio de San Agustín Acasaguastlán, que se pasan vidas enteras esperando por cosas que nunca les llegan.

La barrera económica

No debemos descartar que un día llegue a las aldeas de la Sierra de las Minas este moderno servicio aéreo para romper las fuertes barreras naturales, pero ese día no se vislumbra tan próximo, por una simple cuestión económica, siempre tan poderosa.

No hay obstáculos que se nos impongan para ir a la luna, por ejemplo; pero acercar unas necesidades básicas a poblaciones alejadas es casi imposible, sencillamente porque no resulta lucrativo. Los habitantes de estos lugares no tienen capacidad adquisitiva para contratar este tipo de servicios de distribución moderna, por lo que no entran en la lista de clientes potenciales de las multinacionales de la distribución.

Esperanza o utopía

La esperanza dicen que viste de verde. Y esa zona de Guatemala, con su bosque nuboso, tiene todas las gamas de verde posibles. Así que, aun resultando inviable proyectos de este tipo como línea de negocio, habría que evaluar bien sus beneficios a nivel social para poblaciones muy diseminadas y tratar de establecer acuerdos público-privados que puedan hacerlos viables.

Convenios público-privados

Hoy en día las grandes empresas tienen los productos y la tecnología aérea de distribución necesarios. La Administración debería aportar las ayudas para hacer sostenible económicamente el servicio.

No se trataría, obviamente, de repartos puerta a puerta, sino en depósitos a distintas alturas de la montaña para que hacer más accesibles productos de primera necesidad a esas poblaciones distribuidas a lo largo de la ladera, que faciliten un poco la vida a los nativos.

Cabría argumentar que los drones podrían ser un elemento discordante en el hábitat de la fauna autóctona, pero se trata de un canal o ruta muy concreta entre montañas, remontando el cauce del río Hato, hasta las últimas casas habitadas, como la aldea de Los Albores o, un poco más arriba, la Finca La Trinidad, puerta de la reserva natural. Los vehículos todo terreno seguramente generan un mayor impacto.