Llega el domingo. El reloj marca las 4:00 am y el sol aún es solo un incipiente resplandor en el horizonte por el lado del oriente. En el ambiente se percibe de momento un grato frescor. Hay un ajetreo inusual en las calles para esta hora tan temprana, propiciado por comerciantes locales y otros vendedores que llegan, por docenas, de pueblos y aldeas de los alrededores para colocar sus puestos. Es día de mercado en San Agustín Acasaguastlán

Un modo de vida para muchas familias

Prietamente, unos al lado de los otros, se van asentando los vendedores en la zona reservada para esta actividad en la parte de atrás del hermoso Parque Central. Es día de mercado en San Agustín Acasaguastlán, el municipio más extenso en territorio de los ocho que integran el departamento de El Progreso (Guatemala); y uno de los pueblos más pintorescos y con más historia de cuantos el viajero se puede encontrar a lo largo del valle del Motagua.

También hay mercado los jueves, pero el del domingo es especial, porque la gente se toma este día –por lo general, el único libre de la semana- para asistir a los oficios religiosos. Personas muy devotas que acuden a misa en la iglesia católica o la palabra de lectura en la iglesia evangélica y, por supuesto, al mercado para pasear, ver y comprar. Es una larga y entrañable tradición, así como un modo de vida para muchas familias.

Poco a poco el resplandor se va haciendo más amplio e intenso en el cielo azul y el sol acaba asomando por encima de la cresta de las montañas: radiante, grande y rotundo, como suele presentarse en las regiones próximas al trópico. Sus rayos indicen en primer lugar sobre el campanario de la iglesia, descubriendo su blanco reluciente.

Los pajarillos se suman a esta especie de fiesta o ritual que supone un día de mercado en San Agustín Acasaguastlán, con sus cantos armoniosos, más perceptibles en estas primeras horas de la mañana, ajenas todavía al gran bullicio de la compra y el regateo, o al circular de los tuc tuc, una especie de mototaxi, que proliferan como medio de transporte público.

Los puestos, surtidos con gran variedad de productos

Son las 6:00 am. Se presagia otro caluroso día. Los puestos de venta ya están colocados y preparados para recibir a los primeros clientes. Se escucha el cacarear de los gallos y el pío pio de polluelos puestos a la venta, que disponen de los más variados artículos: ropa, dulces tradicionales, especias, frutas, verduras, discos de películas y música, calzado, textiles, juegos pirotécnicos; y por supuesto, algo que nunca falta en un día de mercado: la venta de comida, desde atoles propios del municipio hasta platillos típicos de toda Guatemala.

Encuentras, además, productos de artesanía; entre otros, las piezas de alfarería muy tradicionales del caserío o aldea de Llano de Jesús, próximo a la localidad; por lo general, comales y ollas.

Todo parece estar preparado, dispuesto para la genuina aventura de un día de mercado en San Agustín Acasaguatlán. Los primeros clientes en aparecer son comerciantes que menudean el producto de los vendedores para revender, posteriormente, en las aldeas por la semana. El reloj marca las 7:00 de la mañana; el público empieza a llegar madrugador en busca de los mejores productos o escapando de las horas fuertes de sol.

Mayra nos atiende en su puesto de verduras y hortalizas

Nos adentramos un poco más en las esencias de un día de mercado en San Agustín Acasaguastlán y conversamos con Mayra, una amable señora que lleva 13 años instalando su puesto de verduras y hortalizas. Nos comenta que entre sus clientes se encuentran personas de la municipalidad, pero también otras foráneas que llegan al pueblo en busca de productos que en su localidad no encuentran habitualmente.

Mayra vive en el pueblo, cerca del mercado. Mantiene abierto su puesto todos los días. Solo cierra los jueves para “descansar de la dura y larga semana”. Los domingos su actividad comienza “a las 4:00 am y finaliza a las 9:00 pm en el mercado, a no ser que se nos termine antes el producto”, comenta. Atiende un puesto de 4 metros de largo por 3 de ancho, en colaboración con sus hijos y un ayudante.

Su esposo –conocido en el pueblo como don Jil- viaja los sábados a las 11:00 pm a la capital para adquirir mercancía. El único producto propio con el que provee su puesto de venta es el cerdo, pero solo en las fiestas de fin de año. Nos confirma que los días por excelencia de mercado son los “domingos y festivos, y especialmente si coinciden con las fiestas patronales, Semana Santa o fin de año”. Nos despedimos de doña Mayra, quien después de habernos atendido con exquisita amabilidad, insiste en regalarnos unas verduras, que le agradecemos.

Continuamos el recorrido por las cada vez más concurridas calles de mercado. El ambiente es bullicioso y festivo. Observamos que los puestos los atienden mayoritariamente mujeres y niños. Algunas de estas personas, como en el caso de Mayra, residen en el mismo pueblo, pero otras proceden de pequeñas comunidades cercanas, “perdidas” en las alturas de las laderas de la Sierra de las Minas e incluso de otros departamentos, como: Retalhuleu, Zacapa, de la cabecera departamental, Guastatoya, o incluso de la capital.

Atol y tayuyos para desayunar

También nos ha tocado madrugar. Colores y aromas crean un ambiente especial a esta hora de la mañana en el mercado. Aromas, en algunos casos, asociados a deliciosos platos cocinados o alimentos al natural, que nos recuerdan que es hora de desayunar.

Nos dirigimos al final de la Calle Principal, colindante con el barrio de San Juan, y entramos en “El Rincón del Chuco”, donde degustamos el delicioso y tradicional atol blanco, sazonado con pepita (desecha en agua), chile, limón y frijol, así como una de las especialidades de la casa, el atol chuco -a diferencia del atol dulce habitual, este es salado-, acompañado por unos tayuyos torteados de frijol, envueltos en masa y cocinados en un comal elaborado de barro.

Las manecillas del reloj marcan ahora las 10:00 de la mañana. El sol empieza a acalorar y el ambiente a hacerse un poco a poco más sofocante. Para aliviar las altas temperaturas, tanto vendedores como clientes, suelen recurrir a los refrescos que se venden por todo el mercado, aunque hay un lugar de larga tradición en el pueblo, Las Everaldas.

Es especialmente conocido por sus bebidas refrescantes elaboradas a base de pepita, tamarindo, horchata, piña y jamaica; las cuales, a su vez, pueden acompañarse de deliciosas pupusas (empanadas) y tacos, ambos productos rellenados de papa, zanahoria, carne y pollo, acompañadas de una salsa espesa de tomate y una ensalada de repollo, pimienta en polvo, mayonesa y chile.  Y tampoco faltan las tradicionales tostadas. Las hay de frijol, de pasta de pollo, de picado de carne (con cebolla, chile dulce y zanahoria), tostadas de aguacate y las deliciosas enchiladas.

La hora punta llega a la salida de misa

La mañana sigue avanzando. Ahora son las 11:00 am. Los feligreses empiezan a salir de misa. Es la hora pico (punta) en el mercado. Pronto llegará la hora del almuerzo y la gente quiere cerrar cuanto antes sus compras, porque tiene que ir a preparar la comida y en casos como el de doña Juana (40 años), madre de familia, aún le queda un buen viaje de regreso. Con cierta prisa, y al mismo tiempo amable, nos comenta que se le hace tarde, porque tiene que “ir a preparar el almuerzo para su familia”. Vive montaña arriba en Aldea Puerta de Golpe. Salió de casa a las 5:00 de la mañana y ahora “debo abordar un moto-taxi o un carro de regreso que sale a las 11:30”, comenta.

Tras las prisas de los momentos posteriores a la salida de misa, llega una fase de mayor tranquilidad, que coincide con la hora del almuerzo. Muchos comedores locales son los principales proveedores de comida para los vendedores que se encuentran desde horas tempranas en el mercado. El reloj marca la 1:00 de la tarde y los comerciantes saben que tienen una hora antes de que vuelvan a afluir los clientes en mayor número. A las 2:00 pm deben estar preparados de nuevo.

Orgullo tineco

Me acerco al puesto de una persona que me resulta especialmente próxima, no en vano se trata de mi tía Maday. A sus 31 años posee ya una larga experiencia en el mercado. En su puesto, vende fruta partida, ininterrumpidamente de lunes a domingo.

Su producto luce muy apetecible y fresco sobre una tarima con el brillo natural de la fruta. Entre las variedades que suministra se encuentran: papaya, piña, sandía, melón dulce y melón chino. Es muy conocida y tiene ya una buena clientela fija: “Gracias a Dios todos nos vamos defendiendo cada día, pero el mejor es domingo”, expone. Tiende a aumentar su catálogo de productos para las fiestas de cabo de año.

“En esas fechas incorporo manzanas, uvas, pasas, panela dulce, canela, ciruela y plátano”, añade. Y sacando a relucir su condición de buena tineca (gentilicio propio de mujeres naturales de San Agustín Acasaguastlán) aprovecha la ocasión para ensalzar a su pueblo, “lleno de muchas bendiciones y que tiene maravillas naturales y construcciones históricas dignas de ser visitadas”, concluye orgullosa.

Son las cinco de la tarde y para nosotros este día en el mercado de San Agustín está llegando a su fin; aunque algunos vendedores, como nos contaba doña Mayra, seguirán hasta las 9 de la noche.

Ella tiene la casa cerca, pero otros han necesitado madrugar mucho. Algunos han salido de casa a primeras horas de la madrugada y regresarán pasada la medida noche. Estos acuden al mercado de San Agustín solo los domingos o en las fiestas navideñas y patronales; pero en estos casos comentan que se quedan a dormir en los puestos durante los días que duran las celebraciones.

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