El Puente Orellana se merecería cumplir sus 100 años en pie

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Puente Orellana
Antiguo Puente Orellana, paso de vehículos y peatonas

El Puente Orellana se merecería cumplir sus 100 años en pie, porque nos estamos acercando al centenario de la puesta de su primera piedra. El Puente Orellana fue una estructura levantada sobre el río Motagua a la altura de la localidad de El Rancho, en la municipalidad San Agustín Acasaguastlán, El Progreso – Guatemala. Este puente emblemático se mandó construir en 1924 y fue inaugurado en 1927, con el objeto de unir las dos orillas del río, tanto a pie como en vehículos mecánicos y a motor.

Derribado por el temporal Ágata

Hablamos en pasado de este puente, orgullo de todo el departamento y parte de la historia de Guatemala, porque en 2010 la tormenta tropical o huracán Ágata lo derribó. Solo quedaron en pie las bases en las que se asentaban las torres principales en una y otra orilla. Torres que tenían una altura de 13.90 metros y el puente se elevaba 7.30 metros sobre las aguas del río.

Acceso al tren

En algún lado se puede leer que el expresidente de la nación (1921-1926) y general José María Orellana lo mandó construir para comodidad de los vecinos de su pueblo, El Jícaro. Pero lo cierto es que la obra tenía una misión más importante, como era la de dar acceso al ferrocarril a la mercancía procedente por carretera del norte -las “verapaces”, fundamentalmente- con destino a la exportación por Puerto Barrios. El puente les permitió cruzar el río por la zona de Las Champas y El Rancho.

Estas mercaderías eran embarcadas al tren en la estación de El Jícaro. Eso generaba una actividad que, obviamente, beneficiaba a la economía de este pueblo del valle medio del Motagua; pero el Puente Orellana se concibió para ofrecer un servicio de ámbito nacional. Cabe decir, ademas, que fue hecho a conciencia: su estructura se construyó en Inglaterra.

Sólida estructura de Puente Orellana (foto de Fernando Reyes Palencia)

Alta estética

El resultado fue una obra muy útil para la zona y, al mismo tiempo, de alta estética, digna de reproducirse en las postales y orgullo de la población guatemalteca, en general. La inauguración de Puente Orellana tuvo lugar el 30 de julio de 1927, cuando ya era presidente (1926-1930) de la nación don Lázaro Chacón. Este era natural de Teculután (Zacapa); es decir, de otro pueblo del curso medio del valle del Motagua.

Puente Orellana después del paso del huracán Ágata

Primera piedra en 1924

En cuatro años se cumplirá un siglo de la colocación de la primera y los tiempos han cambiado. Puente Orellana hace tiempo que ha dejado de ser la estructura imprescindible para el paso de personas y vehículos de una margen a otra del río Motagua, porque este servicio lo presta con más eficacia el puente de la Ruta del Atlántico. Pero ese no debería ser motivo para que esta estructura -parte de la historia de Guatemala- cayese en el olvido.

Tomarse muy en serio la reconstrucción

Consideramos que habría que tomarse muy en serio la reconstrucción de Puente Orellana, como símbolo de la historia de país, como paso de vecinos y como atractivo turístico de la ruta del Valle del Motagua, porque entendemos que puede ser una fuente de ingresos para los pueblos “tranquilos” del Corredor Seco y del valle, en general, sumidos en una débil economía.

Paso para peatones y vehículos de 2 o 3 ruedas

Han sido muchos los yacimientos arqueológicos que han desaparecido en el valle, pertenecientes a las culturas maya-motagua, saqueados piedra a piedra. Muchos de estos ya no se pueden recuperar, porque no ha quedado ni rastro de ellos. Pero Puente Orellana aún puede ser rescatado.

Un símbolo como Puente Orellana debería ser reconstruido, tal vez ya solo como paso para peatones y para vehículos de 2 o 3 ruedas; pero habría que hacer un esfuerzo para que El Progreso y Guatemala no pierdan otro de sus monumentos.

Entrada al Puente Orellana (foto de Fernando Reyes Palencia)

Contará la voluntad de la gente

No sabemos lo fácil o difícil que resultará la empresa de ponerlo de nuevo en pie. Dependerá mucho de la sensibilidad de las autoridades competentes; pero mucho más de la voluntad de la población de la región. Por eso, tendría que manifestarse sin ningún tipo de titubeos.

Puente Orellana es un monumento -hoy en el recuerdo- creado en su tiempo a partir de una obra de ingeniería audaz y de una estética extraordinaria. Debería ser levantado de nuevo antes de que se desvanezca de la memoria y del corazón de la gente.

Se necesita el compromiso de los habitantes de los pueblos del entorno para que el Puente Orellana pueda volver a lucir, elegantemente izado, sobre las aguas del río Motagua. Y debería ser antes de que se cumpla el centenario de su inauguración.

NOTA: InfantiaN, además de mirar a la infancia y a la naturaleza, considera la ruta del río Motagua como un gran atractivo turístico, que es necesario potenciar para beneficio de sus pueblos.

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