La milagrosa sombra de la ceiba del Parque Central de Guastatoya

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Guastatoya es una pequeña ciudad de Guatemala de pronto despertar, a medio camino entre las costas del mar Caribe y del océano Pacífico, a orillas de la carretera del Atlántico. Hoy nos referiremos a milagrosa sombra de la ceiba del Parque Central.

A las siete de la mañana o antes ya podemos encontrar establecimientos comerciales abiertos y, a partir de esa hora, cada quince minutos vamos percibiendo como el bullicio crece exponencialmente hasta convertirse en un hervidero de sonidos y colores y en un flujo continuo de personas en su calle Principal y aledaños.

A las ocho de la mañana la ciudad ya está prácticamente puesta en pie. Son también esas horas de la fresca las más agradables para caminar, porque a medida que el sol se eleva sobre la línea del horizonte, la temperatura ambiente también se va incrementado.

El calor no detiene el incesante ir y venir de los pequeños y muy serviciales tuc-tuc, transportando pasajeros de un lado a otro da la ciudad, ni la continua circulación de ciclomotores de particulares, vehículos que en dos años han multiplicado considerablemente su presencia en las calles de Guastatoya, y que constituyen en muchos casos el transporte familiar, por el alto número de personas que puede trasladar en su solo viaje.

El Parque Central, orgullo de sus habitantes

Todo este ajetreo se evapora por encantamiento al entrar en el Parque Central de Guastatoya, un recinto no muy amplio, cuyas dimensiones podríamos decir que se circunscriben prácticamente al perímetro de la sombra de su gran ceiba, árbol nacional de Guatemala.

El Parque Central de Guastatoya es un recinto coqueto, orgullo de sus habitantes, con su templete de música, su nueva fuente, sus jardines y cuidados detalles ornamentales, su anfiteatro…

Es también algo así como un lugar de espera, de encuentro, un lugar en el que hacer tiempo entre una actividad y otra, en el que hacer tiempo por hacer tiempo, en el que tomarse un respiro del ajetreo diario, en el que respirar pequeños sorbitos de la medicina de la vida.

Me cuentan que es la sombra de la gran ceiba «sagrada» del Parque Central de Guastatoya la que crea ese clima especial. Ella es capaz de filtrar el ambiente para no dejar pasar prisas, ruidos, preocupaciones, crispaciones… de modo que durante el tiempo que permaneces en el parque sientes fluir los ritmos del tiempo de un modo distinto. Ese efecto se pierde una vez quitas un pie de la sombra para volver a salir fuera los límites del parque.

La magia de los duendes

Vestidos de amarillo y verde podrás ver unos hombres y mujeres limpiando, pasando la escoba con mimo sobre el suelo impoluto del parque. Son empleados y empleadas municipales, pero hay quien dice que son también duendes cuya misión es retirar no solo la hojarasca del suelo, sino también minúsculas partículas de cargas negativas. Esas que aún puedan escaparse al potente efecto de filtro que ejerce la sombra de la ceiba sobre toda radiación perturbadora de la paz dentro del recinto.

Curación del mal de amores

No obstante, los efectos más poderosos que se le reconocen a la sombra de la ceiba del Parque Central de Guastatoya son de carácter amoroso. Los altavoces emiten continuamente canciones románticas nostálgicas que hablan de celos, corazones rotos, amores imposibles…

Me aseguran que, en realidad, esos sones melodiosos que se escuchan a lo largo del día no son canciones en sí, sino un largo enunciado de los males de amor que combate y que cura la sombra milagrosa de la ceiba del Parque Central de Guastatoya. Para ello, la persona con el corazón afligido solo tiene que acercarse a la nueva Fuente del Vaso* y pedir fervientemente el deseo de reparación de sus amoríos rotos.

El Parque Central guarda la esencia de la vida calma del trópico, aun en la dinámica ciudad de Guastatoya.

NOTA

Fuente del Vaso*: una amable lectora nos ha informado de que la nueva fuente del Parque Central de Guastatoya es la Fuente del Vaso, en recuerdo a uno de los símbolos de la municipalidad, una antigua y valiosa joya arqueológica maya de cerámica, del siglo VII. Se desconoce el paradero de la preciada pieza y solo se conserva una replica en la alcaldía.

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