Crecimiento del niño: genética, alimentación y otros hábitos

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Crecimiento del niño
La genética, pero también la alimentación, influyen en el crecimiento del niño o niña

El crecimiento del niño depende de un modo importante de la genética, pero también de la alimentación y otros hábitos, como la práctica de deporte. Por lo tanto, en este aspecto también podemos influir, en cierta medida, en la talla de nuestros hijos. Entre la talla media de los países con la población más alta y la de los que la tienen más baja hay una diferencia de unos 20 centímetros, tanto en hombres como en mujeres.

Para empezar, es importante tener en cuenta que la clave del crecimiento está en los músculos y en los huesos. Y para estimular su correcto desarrollo, es fundamental una dieta rica en calcio, fósforo y magnesio; así como proteínas e hidratos de carbono, como nutrientes más complejos.

El deporte favorece el crecimiento
El deporte favorece el crecimiento de niños y niñas

Estatura, salud e influencia social

Un estudio publicado en la revista eLife, en el que participaron investigadores de todo el mundo, reveló otros aspectos a tener en consideración, como que una mayor estatura se relaciona con una vida más longeva, menos posibilidades de padecer enfermedades del corazón, menos posibilidades de complicaciones en el parto en el caso de las mujeres; e incluso, mayores posibilidades de éxito en los ámbitos profesional y educativo. Aunque, en el lado negativo, también se advirtió una mayor probabilidad de desarrollar distintos tipos de tumores o cáncer.

Contra la genética es difícil luchar, pero en los ámbitos alimentación y otros hábitos saludables es bastante lo que se puede hacer para estimular el crecimiento del niño o niña. Será más fácil si se tiene un poder adquisitivo bueno, pero también si se cuidan los tipos de nutrientes que se aportan al organismo, porque no todos son especialmente caros.

Factores determinantes en el crecimiento del niño

Genética: suele ser muy determinante. Por lo general, los niños suelen ser altos si también lo son también sus progenitores.

Género: los niños suelen ser más altos que las niñas. En la edad adulta, por término medio, esta diferencia suele estar en torno a los 12 centímetros.

Condiciones ambientales: en este caso se considera que el clima y la altitud suelen tener también su influencia. En los países del norte de Europa, por ejemplo, los población es más alta que en los países mediterráneos, aunque las diferencias se hayan acortado en el último medio siglo. Las personas que viven a mucha altitud también suelen ser más bajas que las que nacieron en poblaciones de altitud media o baja (poco más de la un 6% de la población mundial vive por encima de 1.500 metros sobre el nivel del mar).

Buena alimentación: se trata de comer saludablemente, aportando al organismo todo lo que este necesita para el adecuado desempeño de sus funciones vitales. Más adelantes nos extenderemos en este importante apartado.

Dormir suficiente: no dormir lo suficiente suele ser un factor que influye negativamente en el crecimiento del niño y del adolescente, porque entre el 70 al 80% de la hormona de crecimiento (HGH) se produce durante la fase del sueño. Pero, además de dormir las horas suficientes, es importan la calidad del sueño, que se favorece en ambientes adecuados.

Deporte: la actividad física estimula la producción de HGH. Se recomienda activar nuestras fibras más rápidas, fatigar los músculos y producir ácido láctico. Es decir, ejercicios no tan duraderos como intensos; aunque en la infancia, las recomendaciones son en el sentido contario: ejercicios más prolongados y nunca de máxima intensidad. En todo caso, se considera muy importante la práctica de deporte como medida para estimular el crecimiento del niño o niña.

Cuidado con el azúcar: se ha de tener mucho cuidado con el azúcar, en general, pero se debe evitar durante las dos horas siguientes a la finalización de la actividad física (especialmente fructosa). La ingesta de este producto hará que el hipotálamo libere somatostatina, hormona que inhibe la producción de HGH, provocando un efecto contrario al deseado.

Los lácteos para el crecimiento
Los lácteos favorecen el desarrollo de los huesos

Hábitos que estimulan el crecimiento del niño

  1. Higiene: lavarse las manos antes de las comidas.
  2. El desayuno, una comida principal: no hay que dejar que los niños salgan de casa sin desayunar. Levantar al niño con tiempo suficiente para que pueda desayunar tranquilo y lo necesario. Se recomienda incluir lácteos, cereales y frutas. 
  3. 5 comidas al día: desayuno, merienda a media mañana, comida, merienda por la tarde y cena.
  4. Restringir al máximo el consumo de golosinas: tienen escaso valor nutricional y poca calidad alimentaria. No usarlas como premios. 
  5. Bebida: el agua debe ser la bebida principal y, como segunda opción, zumos naturales. Reducir los refrescos y las bebidas carbonatadas a un consumo ocasional.
  6. Dieta variada y buena presentación de las comidas: cuidaremos la presentación y la variedad de los alimentos para estimularlos a comer lo necesario y con los aportes energéticos correctos.
  7. Sabores: hay sabores que no todos los niños aprecian del mismo modo, por lo tanto, si un producto lo les gusta, se puede buscar la manera de elaborarlo de otro modo o de sustituirlo por unos con unas propiedades nutritivas similares.
  8. Dieta rica en calcio: de gran importancia para el fortalecimiento de la estructura ósea del cuerpo.
  9. Horario de comidas: deben seguir unas pautas fijas.
  10. Televisión y comida. Es recomendable evitar encender la televisión mientras se come, para evitar distracciones de una actividad tan importante como es la acción de alimentarse.
  11. Comunicación durante la comida: la hora de la comida es un buen momento para comunicarse en familia. Al objeto de que la comunicación sea efectiva, se deben dejar reprimendas y correcciones para otros momentos, evitando llantos o que un miembro de la familia se levante de la mesa, enojado, interrumpiendo bruscamente la comida.
  12. El ejemplo de los padres: los niños tomarán la actitud de los padres como referencia. Si esta no es buena, poco podremos reprocharles.
  13. Normas básicas de urbanidad: debemos enseñarles a utilizar los cubiertos, no comer con las manos, no hablar con la boca llena… todo ello con tolerancia, paciencia y actitudes motivadoras: una sonrisa, un aplauso… para los más pequeños.
  14. Implicar al niño en la preparación de los alimentos es una buena medida para que se interese por la alimentación.
  15. Los alimentos no son un premio ni un castigo: si queremos que el niño de tome en serio el tema de la alimentación, no debemos tratar los alimentos como una recompensa o un castigo. La expresión “que quede el plato limpio” tampoco debe ser una máxima.
Frutos de la tierra
Los arándanos tienen un alto poder antioxidante

10 grupos de alimentos que favorecen el crecimiento

  1. Lácteos: indispensables para el desarrollo de los huesos. 
  2. Carnes: aportan proteínas necesarias para el desarrollo del organismo. Son más nutritivas las carnes rojas.
  3. Cereales: proporcionan energía y ayudan a las proteínas para que realicen su función de forma correcta.
  4. Frutas: aportan energía y vitaminas.
  5. Aceite de oliva: en ensalada o para cocinar, debemos introducirlo en la dieta del niño, porque contiene grasas saludables (monoinsaturadas) y ricas en omega 3 que ayudan al crecimiento.
  6. Pescado: los azules, especialmente, por ser ricos también en proteínas y ácidos omega 3.
  7. Agua: proporciona la hidratación adecuada al organismo.
  8. Verduras: aportan vitaminas y minerales.
  9. Legumbres: proporcionan proteínas, vitaminas y minerales, como el hierro, que incrementa la resistencia física, la inmunidad del organismo y combaten la anemia.
  10. Frutos secos: son una excelente fuente de energía y tienen propiedades antioxidantes.
Productos agrícolas del Valle del Motagua
Productos agrícolas del Valle del Motagua

Nutrientes esenciales para el desarrollo del organismo

Proteínas. La principal función de este nutriente es la formación de tejido nuevo. De ahí, su importancia en el crecimiento. Las podemos encontrar en carnes, lácteos (leche, queso o yogur), huevo y legumbres (frijoles, alubias, lentejas). Además, al ser ricas en aminoácidos, estimulan la hormona del crecimiento (HGH).

Hidratos de carbono: se encargan de proporcionar al cuerpo la energía necesaria, preservando las proteínas para el desempeño de otras funciones, que de otro modo serían consumidas en la actividad física. Son más recomendables los hidratos de carbono de absorción lenta, los azúcares complejos (cereales integrales, legumbres, verduras) y, como azúcares rápidos, la fruta.

Grasas insaturadas: son las responsables de proteger el sistema cardiovascular y forman parte de las membranas que recubren los órganos. Se recomienda consumir frutos secos, aceite de oliva o vegetal y todo tipo de semillas.

Agua. Si tenemos en cuenta que el cuerpo humano está compuesto por un 60/70% de agua (mayor proporción en la edad infantil) y que esta se expulsa en procesos diuréticos y de sudoración, no hará falta insistir más en la importancia de su ingesta diaria.

Vitaminas: son indispensables para el buen funcionamiento del organismo en distintos órdenes: reparación tisular, participación en el metabolismo energético y colaboración en la síntesis de colágeno.

Minerales. Calcio, fósforo y hierro son imprescindibles para un buen crecimiento. El calcio se halla en la leche y sus derivados, las legumbres, el pescado y los frutos secos. El fósforo se encuentra en estos mismos alimentos y en la carne. El hierro está presente en verduras de hoja verde, legumbres, carne y cereales integrales.

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La fruta, indispensable en la alimentación en la etapa de crecimiento

Las vitaminas en la infancia

Su nombre se compone de las palabras de vita (vida) y amina (sustancia química), lo cual viene a significar ‘sustancia necesaria para la vida’. A excepción de la vitamina D, que se produce a través de la piel cuando nos exponemos al sol, las otras deben ser ingeridas a través de una dieta equilibrada, en las cantidades precisas. No hay un alimento que contenga las 13 vitaminas esenciales para el cuerpo humano, pero tampoco hay uno que tenga una sola. Por eso, es fundamental una alimentación variada.

La ingesta excesiva de determinadas vitaminas puede tener efectos tóxicos. De ahí que no se deba ofrecer complejos vitamínicos a los niños sin la correspondiente prescripción médica.

Dos tipos de vitaminas

Hidrosolubles

Se disuelven en agua. Los excedentes se expulsan a través de la orina.

Ácido fólico o vitamina B6: resulta esencial para la reproducción celular y, por tanto, para el crecimiento y el desarrollo neuronal. Se encuentra en legumbres, cítricos y verduras de hoja verde.

Vitamina B12: Participa en la multiplicación de los glóbulos rojos en la sangre e interviene en el desarrollo del sistema nervioso. Abunda en pescados, lácteos, carne roja, huevo y cerdo

Vitamina C: interviene en la reconstrucción de los tejidos. Es importante para que la piel y los ligamentos conserven intactas sus propiedades. Ayuda a fortalecer las defensas del organismo y a absorber mejor el hierro de los alimentos y actúa como antioxidante. Se encuentra en cítricos, kiwi, mango o arándanos.

Liposolubles

Se disuelven en grasas, por lo que sus excedentes se acumulan en el hígado. Se debe evitar exceso de estas vitaminas, porque puede desencadenar procesos tóxicos importantes.

Vitamina A o betacaroteno: es esencial para mejorar el sistema inmunológico y el desarrollo del sentido de la vista. Ayuda en la formación de la piel, los huesos y los dientes y, además, tiene propiedades antioxidantes.  Se halla en lácteos, vegetales de hoja verde, zanahoria, calabaza, aceites y pescado.

Vitamina E: interviene en la formación de glóbulos blancos y rojos, tiene una función importante en el desarrollo cerebral y actúa, también, como antioxidante. Se encuentra en huevo, aceite de oliva, cereales integrales y verduras de hoja verde.

Vitamina D: interviene en la formación de huesos y dientes, dado que ayuda a retener el calcio. Se absorbe a través del contacto de la piel con los rayos solares y, aunque en cantidades mínimas, está presente también en el pescado, el huevo, la leche y el hígado.

Contrarios al crecimiento del niño y del adolescente son productos como el tabaco y el alcohol.

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