El niño que volaba su cometa (barrilete) al borde del precipicio

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el niño que volaba su cometa
El niño que volaba su cometa al borde del precipicio

Esta es una historia real, nada nueva, aunque agravada, como muchas otras, en el marco de la pandemia del Covid-19. Su protagonista es Aarón (nombre supuesto), un joven de 13 años de una ciudad de Guatemala. Aunque en estos tiempos hay muchos niños y adolescentes que podrían ser actores principales de esta historia: El niño que volaba su cometa (barrilete) al borde del precipicio.

Aarón, el menor de tres hermanos

Aarón es el menor de tres hermanos. Su madre, viuda, tiene que trabajar todo el día y el joven se encontró de repente solo en casa el más del tiempo, desde que fueron cerradas las aulas a causa de la pandemia del Covid-19.

Permaneciendo tanto tiempo solo, empezó a dedicarse con más intensidad a los juegos online. Tenía la ventaja de que el suyo no consumía datos de Internet, por lo que podía permanecer horas y horas jugando, concentrado con la mirada fija en la pantalla de su celular (móvil).

Abuso de los juegos online

En este proceso fue dejando de lado las tareas escolares, aunque decía que las llevaba al día, y bajando mucho su rendimiento académico. También se volvió más irritable, se sentía estresado y, más que enfadarse, se enfurecía cuando su madre le recriminaba o le hablada de retirarle el celular. Lo peor de todo es que veía totalmente inofensiva su desenfrenada actividad, esta adicción a los juegos online.

Recordaba estos días un juez en la prensa que hay adolescentes que han llegado a pegar con violencia a sus padres, porque les habían retirado la conexión a internet como única forma de poder apartarlos del juego.

El niño que volaba su barrilete

Entonces Aarón escuchó la historia: El niño que volaba su cometa (barrilete) al borde del precipicio. Trata de dos amigos que vivían en un precioso lugar en el alto de una montaña. Las vistas eran impresionantes hacia el valle y por una de las partes se abría, vertical, un fuerte precipicio de más de 300 metros de desnivel.

Adicción a los juegos online

Entre los dos amigos, había unos tres años de diferencia. Por lo tanto, además de compartir mucho tiempo, el mayor protegía al más pequeño, que tenía como gran pasión hacer volar su barrilete. La cometa del más pequeño de los amigos parecía un pájaro grande y bello, de muchos colores, que volaba constantemente la atmósfera pura de la montaña.

Adicción a los juegos online
Los juegos online y videojuegos, buen entretenimiento si no se convierten en adicción

Tocar las nubes con la cometa

La ilusión del pequeño era elevarla tan alto que llegase a tocar las nubes. Él avanzaba con la vista puesta siempre en la cometa, sin mirar siquiera donde pisaba. Buscaba las corrientes de aire más favorables para que su barrilete subiera y subiera. Las mejores brisas de aire estaban siempre en la zona del acantilado.

Ensimismado en su juego, el niño que volaba su cometa al borde del precipicio no se daba cuenta del peligro que corría. En más de una ocasión su amigo tuvo que agarrarlo a punto ya de caer al vacío. Prometía que no volvería a pasar, que tendría más cuidado la próxima vez, pero se olvidaba de todo cuando su majestuosa cometa remontaba el vuelo y se elevaba en busca de las nubes.

La respuesta de Aarón

Finalizada la narración de la historia, se le preguntó a Aarón que haría él en el caso de ser el amigo mayor del niño que volaba su cometa al borde del precipicio. Sin dudarlo un segundo, dijo: “Solo le dejaría jugar cuando yo estuviese con él y le escondería el barrilete cuando yo tuviese que ausentarme y no hubiese nadie más que pudiese estar pendiente de él”, y tajante, añadió: “Esa es mi respuesta”.

Su interlocutor, le contestó:

“Esa es una respuesta muy acertada, Aarón. Suponte ahora que el menor de esos amigos eres tú; el mayor, tu madre y el barrilete, los juegos online. Tú te encuentras muy entusiasmado con el juego, con sumar puntos y puntos, y tu mamá no lo vería mal si no se diese cuenta de que cada vez más pierdes más la noción del tiempo, del terreno que pisas…».

Y le siguió explicando: «En definitiva, ella percibe que cada vez te vas acercando más y más al borde del precipicio al descuidar tus tareas escolares, al entrar a realizar apuestas… Por lo que si no tomas conciencia por ti mismo, te tendrá que esconder el barrilete (celular) o retirártelo para siempre, por más que sabe te aburres porque pasas mucho tiempo solo y que le duele que tenga que ser así».

Aarón escuchaba atento, mientras su interlocutor añadía: «A tu mamá le gustaría poder dedicarte más tiempo; pero también tiene que daros de comer y estudios a ti y a tus hermanos. Para eso necesita trabajar demasiado tiempo. Si juegas, tiene que ser con mucho control y estableciendo al inicio de cada sesión el tiempo máximo que le vas a dedicar a cada una de ellas. Y siempre sin apuestas”.

Aarón entendió el mensaje

El joven Aarón entendió el mensaje de la historia El niño que volaba su cometa al borde del precipicio y reaccionó al instante: “Lo he comprendido. Ahora entiendo que me puedo caer al precipicio si sigo así. Desinstalaré el juego, porque de lo contrario, cada vez que empiezo a jugar, ven que me conecto y me llaman para ganar apuestas y dar paso a los contrincantes. Entiendo que tengo que desinstalar el juego”, concluyó.

Los juegos online, usados con control, pueden ser un buen pasatiempo, pero hay jóvenes en los que están creando adicciones muy fuertes. Es responsabilidad de padres y madres estar pendientes del tiempo que sus hijos dedican a estas actividades que pueden llevar a una nueva forma de ludopatía.

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