Magdalena: sus fiestas y tradiciones

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Situada al borde de la carretera principal que comunica a Ciudad Guatemala e Izabal y encuadrada en la municipalidad de San Agustín Acasaguastlán, se encuentra Magdalena, una activa aldea que nosotros y la gente de nuestro entorno habitualmente conocemos con el apelativo de “Malena”. Aquí queremos hablar de sus fiestas y tradiciones.

Entre nosotros hablamos de aldea de arriba y aldea de abajo (Malena de arriba y Malena de abajo), porque la carretera general, la ruta del Atlántico, la divide en dos partes, comunicadas por una pasarela.

A sus espaldas –protectora y amenazante, al mismo tiempo- se alza imponente la cordillera de la Sierra de las Minas o Sierra Madre, cuyo pico más alto supera los tres mil metros de altitud. Y por delante corre tranquilo y silencioso, salvo en épocas de crecidas, el río Motagua o río Grande, aunque el río que nosotros consideramos como más nuestro es el Hato, que nace en la ladera de la Sierra de las Minas y baja rápido para unirse al Motagua justo en nuestra aldea.

Jóvenes colorean con anilina una alfombra en Magdalena

Feria Patronal y fiesta del Cerro de la Santa Cruz

Las celebraciones más significativas de Magdalena son la bellísima feria patronal en honor a Santa María Magdalena, cuyo día principal coincide en el 22 de julio; y la fiesta del Cerro de la Santa Cruz, que se celebra el 3 de mayo.

Ambas celebraciones son de origen religioso, en concreto de la religión católica, por lo que participan en ellas especialmente los practicantes de esta religión, aunque todo el pueblo se impregna de su colorido y ambiente festivo y se hace difícil que fieles de otros cultos puedan mantenerse totalmente al margen de este ambiente feriado.

Jóvenes confeccionando alfombras en Magdalena

Los actos centrales de la festividad en honor a la patrona, Santa María Magdalena, tienen lugar en la Cruz Calle. En los días previos ya se vive un ambiente y un bullicio poco habituales en sus calles habitualmente tranquilas con la confección de alfombras en las puertas de las casas al objeto de santificar los hogares.

En su elaboración se emplean aserrín, anilina, alcohol, sal, madera cortada en reglones, moldes, hojas de pino, cal y ambientadores naturales; y en su elaboración participan también los niños y las niñas, que en esas fechas disfrutan de una semana de vacaciones escolares.

El día propio de la fiesta, sale la procesión recorriendo todas las callejuelas del pueblo. La comitiva se detiene unos instantes delante de las puertas alfombradas para terminar el recorrido en la Cruz Calle. Allí se concentran las familias, cada una con su bastimento para celebrar una comida conjunta. Antes de la construcción del salón comunal, también se levantaban unas enramadas con hojas de coco para protegerse del sol.

Carreras de cintas, encostalados, bailes

Una alfombra casi acabada

Puestos de venta de comida, carreras de cintas, encostalados, bailes… son otros ingredientes de una feria que dura todo el día y de la que disfrutan los vecinos habituales y aquellos familiares que, viviendo fuera -en la capital o en el extranjero-, en esas fechas acuden al pueblo atraídos por el deseo de participar en estas entrañables fiestas junto a sus seres queridos.

La feria patronal

La feria patronal sigue gozando de extraordinaria aceptación y atractivo, aunque en los últimos años haya que lamentar que no se hagan alfombrados de la aldea de abajo, de los que se encargaban los alumnos del Instituto de Educación Básica.

La celebración de la Santa Cruz del Cerro, en cambio, fue perdiendo arraigo. Los actos del día 3 de mayo, el de su celebración, han quedado reducidos poco más que a llevar la serenata hasta el lugar, engalanar la Cruz y reventar cuetes [cohetes], como efectos más visibles de la festividad. Con todo, para católicos y no católicos son días especiales en el pueblo.

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