Simone Biles: “Manéjese con cuidado. ¡Muy frágil!”

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Simone Biles
Simone Biles

Viendo la seguridad que transmitía y la evolución de Simone Biles sobre la pista y los aparatos de gimnasia parecía difícil pensar que en aquel cuerpo de pequeña estatura, pero musculoso, sólido, atlético… pudiese haber algo que hiciese necesario poner el cartel de: ‘Manéjese con cuidado. ¡Muy frágil!”, como si se tratase del transporte de una porcelana china o unas piezas de cristal de bohemia. Si algo había que tratar con exquisito esmero, podría ser tal vez un tobillo o su tendón de Aquiles, que debían soportar saltos largos, altos, inverosímiles… los cuales concluían siempre en unas calvadas perfectas.

Irrupción en Río 2016

Los que no seguimos de cerca esta disciplina deportiva, quedamos deslumbrados a primera vista viendo las retransmisiones de las olimpiadas de Río 2016. No nos hizo falta entender mucho de las técnicas de la gimnasia atlética para darnos cuenta de que aquello era algo excepcional. Para la gran mayoría, Simome Arianne Biles era una desconocida, aunque se presentaba en esos juegos en Sudamérica con tres títulos mundiales conquistados consecutivamente: 2013, 2014 y 2015.

Precisión

De aquel evento tenemos en mente sus arrancadas fulgurantes, como metiendo una aceleración más que sus contrincantes, sus saltos uniformes –su cuerpo era como una estatua de bronce macizo, que no se descomponía por más giros que diese-; saltos largos y elevados que se sucedían a velocidad de vértigo para acabar con una clavada a uno o dos centímetros del límite de la pista. ¡Qué precisión!

Desde luego que me llamaba la atención su fuerza, pero mucho más su confianza, su determinación y, especialmente, su precisión. “¡Qué clase de computadora cerebral puede manejar ese cuerpo con tanta exactitud!”, me pregunté en la primera actuación que la vi y que recuerdo bien, porque me dejó una honda impresión.

Simone Biles "muy frágil"
Simone Biles, «muy frágil»

Simone Biles: «¡Muy frágil!”

Todo parecía dispuesto para que Simome Arianne Biles -reina indiscutible en Río 2016: cinco medallas, cuatro de ellas de oro- agrandase su leyenda hasta límites estratosféricos en los JJ OO Tokio 2020 (se celebran estos días con un año de retraso debido a la pandemia). Sin embargo, tras unas pruebas iniciales de clasificación, dijo basta. En concreto, sus palabras fueron: «Debo hacer lo que es bueno para mí y concentrarme en mi salud mental».

Seguridad o inconsciencia

Aquella mente perfecta que calculaba con absoluta precisión la elevación, la velocidad y la longitud del salto para que, yendo más lejos que ninguna de sus rivales, todo se mantuviese dentro de la superficie delimitada para la competición por más vueltas que diese, dijo basta. Aquel sistema nervioso que transmitía a la deportista no sé si seguridad o inconsciencia para que todo permaneciese extrañamente inalterable, dijo basta.

La gimnasta estadounidense llegó a Tokio con 30 medallas conquistadas en sucesivos mundiales y en la Olimpiada de Río. De Brasil había regresado a casa convertida en una estrella mundial, en una gran reina; pero los reinados en el deporte hay que renovarlos cada cierto tiempo y le tocaba hacerlo este año. En realidad, le hubiese correspondido revalidarlo en 2020; pero las circunstancias aplazaron los juegos asiáticos. Si todo hubiera seguido su curso normal, es posible que el año pasado hubiese vuelto a brillar para sumar más medallas a las 30 que lleva conseguidas.

Teorizar sobre la presión en el deporte

A partir de ahora, se va a teorizar mucho sobre la presión en el deporte –siempre hay casos de excesos e incluso de zafia brutalidad-, pero particularmente considero que Simone Arianne Biles – nacida el 14 de marzo de 1977 en la ciudad de Columbus (EE UU)- simplemente ha perdido en Tokio la inconsciencia. Nada más.

Sus dotes naturales y su entusiasmo la llevaron a volcarse en su disciplina deportiva con apasionamiento y éxito. Las medallas caían en cascada una tras otra como la consecuencia lógica de un trabajo. Esta vez, en el ambiente frío de los juegos de Tokio, seguramente tuvo más tiempo para pensar: ganar ya no era una opción, una consecuencia lógica del trabajo; ganar se había convertido para ella en una obligación, en un sí o sí.

Fin de la inconsciencia sobrenatural

Se acabó esa inconsciencia casi sobrenatural de la que disfrutó, que la hacía moverse con una naturalidad y precisión impropia en los humanos. Como consecuencia de ello, se agitaron los flujos, hasta ahora siempre muy templados, de su sistema nervioso y en su mente empezaron a aparecer dudas que nunca antes había tenido y que ella misma definió como “demonios”.

Creo que no debemos preocuparnos en exceso por la “salud mental” de Simone Biles, a la que dijo que debería prestar atención a partir de ahora. Muy previsiblemente ha ocurrido que Simone Biles ha tardado 25 años en aterrizar en el mundo de los mortales, en el de las personas con dudas, miedos y “demonios”. Nada especialmente grave. Y no ha triunfado, pero se va con la atención puesta en su persona por medios de comunicación deportivos y no deportivos.

Bondades del deporte

Por eso, aunque hemos de convenir que el deporte profesional es en extremo exigente, el deporte en general es un gran aliado en la formación integral de los niños y niñas y una fuente de calidad de vida para los adultos.

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