Todo el mundo calla

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Todo el mundo calla
El silencio es cómplice de la violencia

Unos malnacidos están consumando un robo y todo el mundo calla. Previamente, estos canallas habían cometido un asesinato y, además, dejan en el aire una amenaza de muerte para echar más tierra sobre el cadáver y para asegurarse de que se silencie su delito y que, una vez más, quede impune. Se regodean: “No me importa ir a la cárcel, saldré pronto; pero tú ten cuidado…”. No hay ley sin el respaldo del pueblo.

Naturaleza, infancia y vida

Tendríamos que hablar de naturaleza e infancia, de vida y costumbres de los pueblos del Motagua, de lo bello que es vivir, de lo hermosa y hospitalaria que es Guatemala; pero hoy toca otra cosa. Nos llega la noticia, absolutamente verídica, de la otra cara, del enrevesado envés de una sociedad fangosa a la que pocas veces queremos mirar.

Contracorriente

No se trata de un robo cualquiera, es el robo del sudor y la sangre de una familia humilde, que desde la cuna ha tenido que ir remando contracorriente. Y cuando en medio de la asfixia, saca la cabeza a la superficie para tomar aliento, otro pie está preparado para volver a hundírsela. Pero todo el mundo calla.

Vivir del sudor y la sangre de los demás

Por preservar la integridad de las personas afectadas, no podemos dar demasiados detalles, pero se trata de otro episodio de extorsión, robo y asesinatos, que no podemos ignorar. Personas humildes están bajo el yugo de los violentos, de los desalmados, de gente que no tiene otro objetivo que vivir del sudor y la sangre de los demás. Familias desamparadas que no creen en la justicia. Han oído hablar de ella, pero o no la han visto, o no saben para qué sirve o a quiénes ampara. A ellos no, porque todo el mundo calla.

Otra infancia

Hablamos de infancia. Otra infancia. La de niños nacidos en el seno de familias a las que la vida les dijo desde el primer momento que les ha tocado cruz. No es que hayan comprado un boleto; el destino se lo ha asignado, con el maldito premio adosado, y la sociedad no es capaz de corregir estas situaciones.

Los niños, víctimas de la violencia
Los niños, víctimas directas e indirectas de la violencia

Todo el mundo calla

Para estas personas o familias la soledad es infinita en las largas noches de insomnio. En estos casos no hay amigos ni vecinos. Todo el mundo calla. Nadie quiere problemas, lo vimos en Teculután en su día. Los funcionarios también encarpetan el tema y dejan que se olvide. “Yo llego hasta aquí, pero de aquí en adelante camina solo o sola. Conmigo no puedes contar más”, dicen.

La ley por sí sola es un texto en un papel. Para que cobre vida, hay que reforzarla con el brazo firme de los juristas y la voluntad del pueblo. La ley tiene que estar arropada para que haya un verdadero imperio de la ley.

No hay ley sin el respaldo del pueblo

La noticia en concreto no se genera en uno de los pueblos del valle del Motagua, pero sí en otro que no está demasiado lejos, y cuando una historia es tan cruel e injusta como está, ninguna distancia es grande. Tenemos obligación de hablar también de estos temas, por desagradables que sean. Por desgracia, este tipo de fechorías se dan en todos los rincones del mundo, aunque en unos con más frecuencia e impunidad que en otros.

Un país bello y hospitalario como Guatemala, no se merece que conductas delictivas de este corte sigan sucediéndose, llevando sufrimiento a la gente y empañando el buen nombre del país. Los violentos tienen que saber que hay unos límites. Para ello la sociedad debe demandar que se cumpla la ley y, al mismo tiempo, ha de dar un paso valiente hacia adelante. No hay ley sin el respaldo del pueblo. El pueblo no puede callar más.

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