Valle del Motagua y Corredor Seco: crónica de un olvido

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El Jícaro - Pueblos Tranquilos
El Jícaro, pueblos tranquilos del Valle del Motagua

En las horas altas del sol, el calor se siente con fuerza y hace aflojar el paso, los movimientos se vuelven perezosos, las sombras están más solicitadas, la brisa se paraliza y con ella parecen hacerlo también las manecillas del reloj en los “pueblos tranquilos” del Valle del Motagua y del Corredor Seco. Pueblos tranquilos, llenos de encanto y también de olvido. Hoy la crónica de los pueblos del Valle del Motagua y Corredor Seco de Guatemala se podría decir que es la crónica de un olvido.

Una vida en crisis

La crisis del coronavirus apenas ha quebrado un ápice la “normalidad” en los núcleos de población más humildes del Valle del Motagua y del Corredor Seco. Son aldeas, comunidades y caseríos en los que la crisis no es algo nuevo, se ha incrustado en estas pequeñas localidades de modo permanente. Su realidad es la crónica de un olvido secular.

Aldea de los pueblos del Motagua en Guastatoya
Aldea de los pueblos del Motagua en Guastatoya

Otros Covid-19

Los habitantes de estas pequeñas comunidades difícilmente podrán considerar el Covid-19 o coronavirus una amenaza mayor que otras con las que conviven a diario. Entre ellas, la carencia de alimentos, especialmente en esta época del año, denominada “temporada de hambre estacionaria”, que da dentelladas en las paredes del estómago tierno de los niños.

Algunos países están viendo ya cómo salir de la pandemia. Guatemala todavía se encuentra en la fase de expansión de los contagios, aunque hasta el momento ese crecimiento ha estado bien controlado. Hay que confiar en que, con el esfuerzo conjunto de todo el país, pronto se supere esta situación, especialmente ahora que empieza a surgir noticias esperanzadoras sobre la vacuna o medicamentos que están mostrando cierta eficacia contra el Covid-19.

Palabras del presidente

Sin embargo, nada parece que vaya a cambiar para los pequeños caseríos y aldeas de las tierras de Acasaguastlán, Zacapa, Izabal o Chiquimula después de la pandemia. Da la impresión de que en el valle del Motagua va a seguir escribiendo la crónica de un olvido eterno, si atendemos a las palabras pronunciadas recientemente por el presidente de la nación, Alejandro Giammattei.

Alfarera de LLano de Jesús
Alfarera de Llano de Jesús

Antigua vía comercial

La actividad del valle del Motagua estuvo marcada en la antigüedad -tiempos de mayor esplendor- por el comercio. El curso del río definió una importante vía comercial entre la costa del Atlántico y la capital en la época de los conquistadores, a través de todo el valle y de San José del Golfo. También antes entre los pueblos maya-motagua de Copán (hoy perteneciente a Honduras) y Quiriguá con la capital, las tierras del altiplano, el norte del país, Petén, e incluso sur de México.

Futuro después del Covid-19

En estos momentos el país tiene una prioridad: derrotar al Covid-19, pero, inmediatamente después de la pandemia, también está a la puerta, esperando respuesta, el futuro. Las palabras y anuncios recientes del presidente de la nación y de su gobierno constituyen más una preocupación que un motivo para el optimismo en estas tierras, donde los índices de emigración son demasiado altos.

Guatemala, escorada a Occidente

Guatemala, demográfica y económicamente, está muy escorada hacia Occidente. Si fuese una nave, diríamos que correría un grave riesgo de zozobrar. Esta tendencia no hace más que acentuarse como ha puesto de manifiesto el presidente en las dos últimas comparecencias públicas sobre asuntos económicos: una reunión con un grupo de alcaldes del área metropolitana de la capital y una visita al aeródromo del Puerto San José, en Escuintla.

Mala noticia

No vamos a decir nosotros que no sean acertadas las iniciativas del Gobierno, porque los miembros del Ejecutivo saben mejor qué recursos tienen y cual es la situación del país; pero para los pueblos del Motagua no han constituido una buena noticia estas dos actividades del presidente.

Proyectos en Occidente

En la reunión con alcaldes de dos mancomunidades del área metropolitana, Alejandro Giammattei indicó:

«En Guatemala (departamento) se concentra la mayor parte de los problemas y sobre todo la urgente necesidad de la reactivación económica. Si reactivamos el departamento de Guatemala, prácticamente estaríamos reactivando el 75% del Producto Interno Bruto del país, porque aquí se concentra», declaró.

Se supone que el presidente conoce mejor que nadie las necesidades del país, pero la apuesta decidida por una zona que concentra el “75% del Producto Interior Bruto (PIB)” de la nación, se entiende que es para que ese índice suba hasta el 80, el 85% del PIB o tal vez más.

Preocupación

No se trata de rebatir aquí esos planteamientos, pero difícilmente será una buena política de país concentrar el 75% u 80% de la actividad económica en menos del 10% del territorio. Aunque este caso, los que nos preocupan, en particular, son los pueblos del valle del Motagua, que siguen escribiendo a diario la crónica de un olvido.

Sobrevolar el valle

La otra comparecencia pública del presidente fue con motivo de una visita al aeródromo del Puerto San José, donde se proyecta una ampliación del mismo para convertirlo en un aeropuerto internacional de carga. “El primer aeropuerto de carga internacional desde Toluca (México) hasta Colombia”, resaltó Alejandro Giammattei.

Su ministro de Economía, Antonio Malouf, añadió: “El aeropuerto también va a servir para que el turismo se incremente”. Explicando a continuación que los turistas procedentes de cruceros podrán tomar vuelos internos para conocer otros puntos del país. Suponemos que se refiere a Petén o la costa del Caribe, sobrevolando el valle, como si fuese tierra quemada y no un territorio también con muchos atractivos para el turista.

Fin a la crónica de olvido

Nos genera una gran inquietud el comprobar que no se vislumbran planes para los pueblos del valle del Motagua, condenados a seguir escribiendo la sempiterna crónica de olvido, que condena a un porcentaje amplio de sus habitantes a una vida de pobreza, pobreza extrema en muchos casos, y a otros a emigrar, a veces con grave riesgo para sus vidas.

Ahora que el Covid-19 va a cambiar algunos aspectos sociales a nivel global, sería una buena oportunidad para poner fin a esta crónica de olvido en los pueblos del Valle del Motagua.

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