Por qué murieron así Agustina y sus seis hijos en Tucurú

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Corrimiento de tierras en Tucurú
Lugar de Tucurú donde se produjo el fatal corrimiento de tierras

En la aldea Los Pinos -municipio de Tucurú (Alta Verapaz – Guatemala)-, el pasado 28 de mayo, una joven madre de 35 años, Agustina, y sus seis hijos encontraron la muerte en la mitad de la noche. Los siete quedaron enterrados por un alud de tierra que, a causa de las fuertes lluvias, se precipitó sobre la chabola en la que dormían. Por qué murieron así Agustina y sus seis hijos.

Fue uno de esos dramas que cíclicamente azotan a los más desfavorecidos en cualquier rincón de mundo, pero en unos países con más frecuencia que en otros, por ser consecuencia de la pobreza.

De la conmoción al olvido

La noticia saltó a los medios de comunicación a nivel nacional e internacional. Conmocionó durante unas horas a la opinión pública y rápidamente se extinguió en el olvido, como la vela a la que se le agota la cera, porque, aun siendo una tragedia, no dejaba de ser una de tantas, recurrente además en la zona. Ni la primera ni la última.

Al pie de un barranco, en la ladera de un volcán, en la ribera de un río… el escenario puede variar, pero la tragedia siempre afecta a los mismos, a los desheredados, a los que no tiene opción a escoger un palmo de tierra donde establecerse y se ven forzados a levantar su choza en le filo de la tragedia.

Sus nombres

Esta vez, los elegidos por el destino fueron Agustina y sus seis hijos (Sergio Aníbal, Marvin Isaías, Leonardo, Magdalena, Óscar y Ezequiel) de edades comprendidas entre los 15 años y los 8 meses.

Las noticias hablan de una vivienda (!) habitada por las 7 personas antes nominadas. No hace referencia a ninguna otra. Desconocemos las condiciones de vida de esta familia, pero su historia rezuma soledad, abandono y desamparo por todas partes. ¿Habrán tenido algún motivo para sonreír esa madre y esos hijos a la mesa en algún momento? Duele pensar en lo dura que pudo ser la vida para esa mujer y esos niños.

Soledad y abandono

Un día -sin que los niños hubiesen tenido siquiera la oportunidad de empezar a vivir- todo se acabó de repente para esta familia. Aunque la madre, guiada por su dura experiencia, tal vez les advertía: “Nada podéis esperar de este mundo mejor que lo que habéis vivido hijos míos”.

Metralla por el este

Y por el este resuena la metralla. El delirio y la ensoñación de un extraño personaje, envueltos en una excusa, han generado un conflicto que está causando más dolor y miseria en el mundo. Los medios de comunicación, por su parte, hablan de armas de gran alcance y precisión, como si se tratase de un juego de la Playstation.

Héroes de video juego

Con una ligereza que espantan, estos medios crean héroes a la menor oportunidad, hablando de francotiradores casi invencibles. No hace mucho, nos querían hacer creer que uno de estos francotiradores -a decir de ellos el mejor de todos, como si se hubiese proclamado campeón del mundo-, sumado al bando del país invadido, iba a ser capaz de ganar él solo la contienda.

Las muertes en la soledad y el abandono de Agustina y sus hijos, no serán las últimas de esta naturaleza. El mundo y sus intereses van por otro lado.

Viendo imágenes de la chabola de la familia, con sus techos de láminas y plástico, me venían a la memoria fragmentos de la letra de la canción Pueblo Blanco, de Joan Manuel Serrat:

“…colgado de un barranco,

duerme mi pueblo blanco…

Y me pregunto por qué nacerá gente,

si nacer o morir es indiferente.

Si yo pudiera unirme

a un vuelo de palomas,

y atravesando lomas

dejar mi pueblo atrás,

juro por lo que fui

que me iría de aquí…”

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